Vergüenza y derrota

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Es un verde malsano bajo la mano que cubre el sol,
es el maratonista que muere cruzando un pequeño rio,
el árbol de los frutos amargos que resplandece ante el mundo,
el aire frío que estancado nunca es libre,
es una princesa cubriendo su boca horrorizada,
un niño aburrido riendo de la desgracia ajena,
es la compañía de la voz que nos destruye

El eco que reverbera invisible en un silencio que solo él escucha

ahogado,
los débiles ojos retumbando

Son las escrituras profanadas por una pluma demoníaca en el final de su brazo

¡Vean esta herida brillar de pena!
No dejen de ver hasta que a todos nos embargue,
sobrecoja,
berreando cuales niños
mientras se llena y vacía eternamente la copa de los recuerdos,
que su viscosidad no desasolve
suban como espuma las imágenes de la derrota,
desbordándose,
manchándolo todo
que con cinismo nos bañemos en ello
dándole muerte al enemigo con su propia sangre en una orgía de desesperada incapacidad de alterar la historia, tumbados pataleando en un charco de esa pudredumbre

Amar el tick tack que nos quiere volver locos, aceptarlo, ser parte de él, extrañándolo cuando en nuestra lujuria por su ardor nos consumamos todos, aunque que nos cambie, nos salgan cuernos que disfrazar, nos crezcan alas negras que vivan en la espalda como la cara oculta de la luna,
que las pezuñas crezcan atravesando nuestros zapatos, el pelo brote salvaje sobre la piel desnuda
Y solo en el ruido que ahoga toda humanidad, que ciega, ensordece, desensibiliza, bloquea, ¡nos sintamos por fin en casa de nuevo!

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