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Floreces en la desgracia, te crecen petalos marchitos y las raices se encanjan en la tierra.

Aborreces el agua limpia de lluvia de verano, prefieres una tormenta sobre ti, para regocijarte cuando crujen tus huesos.
Solo entiendes de desgracias y desprecios, de aborrecer la facilidad del chocolate, de envenenarte por placer, de no morir nunca, de envejecer con fuerza. 
Se te ha dado fortaleza para resistir esto, el don de las palomas en la ciudad, con tu pecho brillante de colores, volando a lugares alto, alejados de los demás, sola con los tuyos. 
Tristeza y cinismo, inalcanzable para al brillo ajeno. 
Irresistible desastre, encantadora letanía, refugiada de arcoiris y azucar aceptando solo amor de vicios y reticencias. 
Lejos muy lejos, viviendo entre nosotros y con el alma volando en tu espalda como paracaídas que se niega a caer, adorando el delgado hilo que la mantiene unida a ti hecha girones con dignidad. 
Esperas a un hermano de fantasías oscuras a quien amar. 
Lejos irremediablemente lejos. 

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