Que sigue

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A veces soy el niño al que le toma horas construir un castillo de arena. Usa toda su mañana en la playa para agregarle torres, túneles para autos, una alberca techada, muros enormes para defenderlo y cuando llega la tarde, cuando le dicen que tiene que irse, lo destruye, se regocija en el placer de destruir algo hermoso y efímero. Sabe que la marea se lo va a llevar de cualquier manera y ningún apego a su creación le quitará el derecho de terminarla.
En los castillos de arena que viven frente al mar el destino es claro, la luna atraerá el agua que dejará la playa suave como estaba en la mañana antes de que llegara el niño. En la vida a veces no sabes cuando quemar los barcos y patear la arena porque el destino final es incierto, vives con un castillo de arena atorado en tu interior y no sabes si agregarle más torres, construirle más cuartos o si abandonarlo a las mareas de tu vida.
Nunca fuí fan de las piedritas en los zapatos, aunque a veces no sean piedritas sean petalos en los zapatos, están ahí, inciertos e indefinidos, borrosos pero suaves, puedo vivir con eso 🙂

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