Mi manchi

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El tiempo pasa entre en un mar de cadáveres hechos de esperanza, entre cascadas de canciones de ahogados y ríos de lejanías inquebrantables. Es agua que no logra apagar estos carbones que se niegan a morir, brillando con las chispas de tus fotos y los mensajes sin mandar.
Es la cobardía de una derrota asumida, avergonzada por el fracaso que desangra en un brote eterno los sueños de tus labios, de tu sonrisa pegada a la mía. De sueños, nomas.
De esas verdades internas que no se pierden, se arraigan y se entierran, se refrescan con la evidencia de las felicidades internas aromatizadas y saborizadas de ti o al menos de la naturaleza que mi imaginación puede concebir de ti. Apenas suficiente consuelo para salvar me de esta separación.
Suena esto a gran labor pero no lo es, es natural, sucede, sin voluntad, ¡en contra de ella! se incha reclamando piedad: mátame realidad inquebrantable, destruye toda fantasía, dale paz a esta utopía que no existió cuando debía, que me roba la alegría de otros rostros y de otras compañías.

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