La palabra

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En el principio fue la palabra, nadie vio que esto era bueno pero nadie lo cambió tampoco. Esta vivió para siempre, grabada en la memoria de los hombres que tuvieron que tallarla de la roca de sus gruñidos, fueron agradecidos pues les trajo la memoria, la historia, sabiduría, les recordó de donde vienen. Sintieron una pena al no poder silenciarla cuando les traicionaba, como muchas veces sucedió, hombres se volvieron locos, lo dicho se agitaba en sus cabezas hasta corromperles, nunca esta retractó, nunca su fuerza cedió.
Se volvió el destino mismo, la única fuente de información segura, lo que se había escrito nunca cambiaría, habría que ponerle una máscara que esta se empeñaban en destruir, habría que ponerla una y otra vez con todas las fuerzas de los hombres para transformarla, darle una forma, un perfume distinto, nada mas que un montón de esfuerzos en vano, pues en un puff de espontaneidad la palabra marcaba el cosmos entero, definiéndolo todo hasta el fin de los tiempos, para desgracia de los hombres.
Él sabía de todo esto, el entendía que una historia ya contada no podía ser cambiada, solo podía ser cubierta con nuevas letras, atascada de marcas, rayones, pilas de flores, todo el mar del mundo, su cuerpo propio, como un hombre sobre una granada viva, sacrificaría todo lo que tenía que decir para cubrir lo dicho, para darle paz, para volver a una hoja en blanco donde esos afilados horrores no existieran.

Helo aquí aun escarbándose las entrañas
para cubrir palabras ajenas, intentándolo
con las manos secas, las uñas idas
los músculos del verbo agotados
el aire de su poesía escasa
lo dicho ahí esta
ahí sigue
ahí

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