El jardín de los pingüinos

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En el jardín de los pingüinos se toma té de trucha noruega servido por focas en frak. Sobra decirlo las focas mueren de envidia por lo que a veces le escupen al té las muy desgraciadas.
– Pobres miserables, arrastrándose todo el día sobre su cola sin patas.
– Lo sé querida, tenemos que ser generosos con los que menos tienen, no olvidemos dejar propina
(Al irse dejan el esqueleto de un pescado con la cabeza intacta)
– Somos tan buenos, godocleto.
– Lo se godoclina.
Entre piedras pintadas de pasto y el sol suave del verano polar las parejas de pingüinos tienen pláticas similares, siempre finísimas personas aves pendientes de las especies más necesitadas se dejan servir por las focas, arrullan a los leones marinos, le rascan las espaldas a las orcas y juegan con las gaviotas un ping pong de campo con los huevos más blandos disponibles(para que no se rompan).
Cuando llega la hora de que se ponga el sol, los pingüinos muestran sus verdadera naturaleza y vuelan hacia el último de rayo verde antes de perderse en la noche con la espalda fundiéndose en la penumbra Negra y la panza con la blanca suavidad del suelo.

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