El detallito

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Esta es nuestra casa, aquí vivimos y nunca vamos a dejarla, si se mueve y tiembla en patrones rítmicos es simplemente porque le place, quien soy yo para decirle que no, una tiene que cuidarse de andar injuriando la madre casa, la ultima vez que lo hicimos, mi marido y yo quedamos varados a media duna sin saber a donde ver con las cejas fruncidas de preocupación por meses. No quiero que me vuelva a pasar esto -dijo sozollando- que vamos a hacer marido mio? aquí el terreno es tan duro, no podemos alimentarnos de el, No te preocupes mujer que yo de aqui nos saco aunque tenga que vermelas negras, aunque tengas que chuparme la mismisima sangre pa’ que no te me mueras de hambre – ay marido mio no digas esas cosas, mira que caminamos para donde cae el agua probablemente lleguemos a la casa de nuevo – avanzaron lo que parecieron miles de dias, siguiendo el mismo camino, flacos, movidos solo por las pocas calorias propias de su constitución.
Ah las aventuras que pasaron, como cuando se toparon con el monstruo del bosque cafe, o que tal cuando encontraron otro sol pero duro y frio, el marido lo rodeo intentando investigar su naturaleza por todos los lados significativos, y ella solo se quedó sintiendo su lisa y suave superficie, tanto les intrigo que permanecieron ahí dias enteros(bueno, exagero un poco) , pero no les contaré mas, los dejaré que ella siga la historia.
De repente estabamos en una zona particularmente accidentada, las grietas en el terreno se extendían hasta el horizonte visible, ¡por fin cerca de casa!- gracias a cielo, gracias dios, gracias dracula, solo tenemos que cruzar esta zona y estaremos en dos patadas del otro lado. Nuestros dias en las gritas no fueron muy placenteros, para nada, mi marido se la pasaba quejandose de lo hambriento que estaba y hasta bromeo que cada día me veia mas apetitoza, realmente pienso que está perdiendo la cordura, estoy segura que si no llegamos pronto saltará y me dejará para siempre. Cuando nuestras aventureras amigas llegaron a la base del cuerno estaban exhaustas, apenas podian mover las patas, aunque no tan exhaustas como para no comer primero.
Amor, por fin, por fin llegamos, te juro que hasta ganas me dan de besar el suelo sin alimentarme, gracias, gracias. Amor, no puedo esperar, voy a comer ya, ya no puedo mas. Entonces con un las jeringas ya medio desinfladas, y recuperando fuerzas de algun lugar donde solo los insectos pueden, ambas pulgas comezaron a dejar seco al rinoceronte, se cuenta entre las historias del animal que tuvieron miles de hijos, que solo sobrevivieron algunas decenas, pero que vivieron felices para siempre.

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