De los dolores y gustos mentales de las clases sociales

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El pobre se llena naturalmente la cabeza de autocompasión y sus sufrimientos discurren entre el sentir pena por si mismo y el escaparse de su realidad, el rico puede vivir en un constante alejamiento de todo lo mundano y solo recordar la vida cuando los ciclos naturales de los placeres se acercan al castigo de los excesos. La clase media padece de la indecisión de con que acongojarse, tiene el mundo hacia arriba y el mundo hacia abajo como sus posibilidades infinitas, es la libertad de las posibilidades su prisión/verdugo, y su espíritu andará en la amorfa masa del engrudo de su mediocridad inherente, su sufrimiento será el poder escoger y no querer hacerlo, casi siempre asi toda su vida, en el mejor de los casos escapandose hacia alguno de los extremos.
Meditar para que los pensamientos sigan su curso y mueran por agotamiento es una labor distinta dependiendo de las 3 clasificaciones anteriores, los primeros no lo hacen por ser la realidad la fuente de los pensamientos y la realidad es inagotable, la meditación en este caso es solo para los pobres masoquistas(estrictamente hablando).
En los ricos la meditación es un placer mas que les ofrece la vida, es un revolcarse en la seguridad de los pensamientos amables e imperturbables típicos de la burbuja en la que viven estas personas.
Para uno, meditar puede ser un ejercicio cruel cuando la humanidad eternamente insatisfecha que vive con las necesidades evolutivas encarnadas, esa inapelable humanidad propia de la única especie animal que puede meditar sobre ella, que lucha por conciliarse la razón y las ilusiones modernas con su animalidad, es una broma irresolvible una broma a la que nunca le llega la punch line y que solo termina cuando la presión del tiempo alrededor del que medita lo expulsa a ocuparse de cosas que se resuelven con las manos o la boca ya no con la mente, no hay para el clase mediero un final resolutorio ni hacia la aceptación de la condición sin quejido(propia de la mente pobre)o la congratulación autosatisfactoria(propia del rico) el final de una sesión de meditación solo llega para el clase mediero porque asi lo exige su agenda, un castigo mas propio de su condición social, que ni puede permitirse el lujo de desperdiciar el tiempo por tener seguro el sustento ni tampoco puede permitirse el lujo de volverse hacia la autocompasión abnegada por saber que su vida puede ser otra, por la carga que tiene la posibilidad de elegir.

Por otro lado,
Solo a nosotros se nos ofrece el don de la admiración filosófica y el embelezamiento por la observación de la naturaleza, el disfrute pleno del arte, pues los pobres no tienen cabeza para asuntos mas alla de su realidad sino para alejarse brutamente de ella, y los ricos no necesitan de sutilezas cuando pueden atragantarse sin mirar atras, ellos que coleccionan arte y libros por el derivado mas vulgar que estos tienen de servir: símbolos de su estatus. Los de en medio son benditos entre los hombres por no tener que probarle nada a nadie y tampoco tener que preocuparse abrumadoramente por el pan de mañana, les queda tiempo, les queda mente para saborear lo sublime, su saboreo es mas lento, mas detallado por inclinación natural a disfrutar lo que no siempre llega pero que tampoco es inalcanzable, viviendo pues condenado al medio, los extremos son poco comunes, son platillos raros que hay que tomarse en su totalidad, beberse lentamente. Prueba de esto es la clase intelectual y artística, mayoritariamente clase media lo que es muy natural.
Debo hablar de los casos raros de gente con ingresos promedio que prefiere pensar de si mismo como pobre o como rico, que los hay, estos que no han sabido sobrellevar su mediocridad y se esfuerzan por parecer unos u otros, viendose innaturales, foraneos a su condición, son transparentes como son claramente visibles los salmones que luchan contra la corriente, se notan en el salpicadero que hacen pero también en los musculos que desarrollan, el esfuerzo les endurece y les acerca de verdad a la condición que imitan, ellos que pueden migrar, durante su travesía se ciegan a todo menos a la meta ignorando así los placeres mas propios de su condición real.

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