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No me importan los muebles
me importan las manzanas
no me importa al que le guste el chocolate
o el que ame las mañanas
me importas sin que me importe
puedo vivir fuera del mundo, feliz
de tu mundo
los premios y los nombres me parecen juegos de niños
las series de tv y sus escándalos me son accesorios
quiero dejar de amar al objeto
y aprender a amar sin objeto
puedes amar a otro sujeto
y eso va a ser tan relevante como vivir o estar muerto
ser nada mientras arreglo todo es mi más grande reto
componer lo que esta roto
construir para hacerlo todo eterno
dejarlo ser
que se muera
cuando deba
o cuando quiera
querer la tierra y las estrellas
contarte entre ellas
cumplir mi misión
esa que no pide nada
que al verte estalla 
para que un día cuando la realidad le pegue en la cara
tanto haya sido de mi que ni la sienta ni le encuentre falla
para ti
porque las musas no mueran
que envejezcas
y siempre pueda decir:
nunca la deje de no amar
de no pensarla
de no ponerla en la más alta montaña
esa que no tiene ni forma ni talla
tu pedestal de aire
el que no significa nada
pero que se yergue cada vez más grande
más canalla, mas inconstante
más a raya de lo que sea que pidas o a donde sea que vayas
mi: tu nombre
mi tú
mi aire en el pecho
mis corajes malechos
mi gran hueco
nada mia
no mia
no tú
“mi” que reniego

Así no me importa nada
como decisión
encima del me importas todo
como irresistible sensación
que cruje bajo tus palabras
bajo lo que te haya tocado
el aire de tu aire 
la misma tierra
bendita, a la que beso
por no besarte
por los oidos sedientos
por el todo raquítico
profano
indigno
de lo que hablo con pena
lo que finjo en este poema
para ahorrarme el rostro a rostro
que nunca será. 

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