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Siento que pertenecía a una religión cuyo profeta dejo de creer en el dios que pregonaba adorando en secreto a otro mientras yo asistía a misa aun, y no dejaba de asistir, y no dejaba de asistir, mientras aun se me aclamaba con pasión y veracidad implacable la grandeza del dios regular, en secreto se mantenía un pequeño templo para el verdadero dios.
Seguía yo rituales con fervor para el dios que se me instruyó, mientras se reían de mi with a straigth face , pues yo solo actuaba como un feligrés/payaso mientras la verdadera devoción se le proclamaba a otra fuerza mística e imaginaria. Pero un alma intranquila en la quietud y suspicaz en la bonanza como la mía tenía que comenzar su secularización individualizadora tarde o temprano.
Entonces, con permiso tácito del profeta, se me permitió probar el ateismo , y todas las antiguas formas del espíritu repentinamente me provocaron nauseas y me mareaban incontrolablemente. Con la biblia que llegue a aprenderme de memoria atormentandome el ateismo como la costumbre atormenta a quienes quieren dejarla; tanto reforzamiento pavloviano dejó una marca en mi cerebro, símbolo maldito de una mentira, con la que decidí pelearía hasta borrar completamente.
Fue en ese momento de mi ateismo cuando el profeta dejo la oscuridad de su templo secreto y brillo en la luz de la verdad, adorando abiertamente a su verdadero dios, con la energía de la fuerza reprimida repentinamente liberada, misma energía que me mantendría vivo para no morir en las tinieblas del saberse solo sin una fuerza superior guiando tu vida.

Oh la ironía: fuerza del destino que con tanta regularidad controla mi vida, ella me haría ver esa energía como la fuente de mi emancipación, con ella borraría todo rastro de esa obra de teatro montada conmigo como principal actor, con esta fuerza guardaría toda la utilería y guiones en las cajas muertas de los recuerdos malconseguidos. -Cada vez se hace menos pesado y mas fácil esta labor, ya casi no queda nada por archivar, no destruir, archivar para poder checar estos archivos con regularidad y nunca olvidar la lección aprendida.
Con la misma fuerza del fervor que me llevo lejos en esa vieja estructura eclesiástica ahora le enterraría para que el fruto del aprendizaje me alimentará cuando me sintiera mas débil.
Escuchar a mi propio dios y yo ser su profeta es la labor de este año, quien se convierta solo lo decidirá mi fiel amigo el azar.

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