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Y cuando abrió los ojos su sueño de conquistar el mundo todavía estaba ahí.
Planeo un rato hacia las copas de pino cubiertas con una red, y aterrizo, y arbolizó en medio de la ciudad, se paro en la punta de un árbol equilibrandose con su ego y rio como nunca había reido, rio tanto que le dolió la cara durante semanas y marco un poco su estomago con líneas propias de abdominales.
-Voy a quemar este lugar ahora. cerro los ojos y segundos después estaba cayendo de nuevo con el parapente en la espalda, apunto su confiable escopeta y 34 esferas de acero rellenas de explosivo de incendiario se dieron un paseo de la recamara al tanque de gas estacionario escondido bajo los árboles. La explosión produjo suficiente aire para elevarlo 300 metros y alejarlo 4 kilometros de su vieja mansión. -Ya compraré otra.
-Que dios haga su trabajo, ‘che wevon.
Dios, era el apodo burlon con el que se referia a su mejor amigo bombero, al que le pagaba por estar siempre en los lugares donde la agenda le llevaba.

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