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Podía sentir la valentía morir dentro de mi, escapar bajo una tumba, refugiarse en el infierno y aun así ser la menor de entre todos los esperpentos.

Vamos a ser tan felices que te saldrán arrugas por sonreír tanto, y aún arrugada te voy a querer.

Me gusta arrepentirme de haberte dejado ir, saber que nunca te has ido realmente, me gusta sentir tu presencia lejana, casi perdida, incierta, indefinida. El aire es más limpio cuando está sutilmente perfumado. Realmente ves el mar cuando notas la sutil brisa mañanera difundir el horizonte.

 

Me intriga tu existencia, eres apenas un recuerdo de imágenes brillantes, demasiado brillantes para grabar tu cara con detalle, es un recuerdo de una pintura que necesito completar volviéndote a ver. 
Una sombra imaginaria en las esquinas de mis pensamientos, asomándote a verme sin que me de cuenta y cuando volteo, ya no estás ahí, dejas la esquina vacía de mis pensamientos como estaba antes.
Necesito darte cuerpo con mis brazos, quiero ser un alfarero ciego que da forma a una figura sintiendo la temperatura del barro, de tu cadera. 
Comerme tu sonrisa con los párpados bien apretados, robándote el aliento para tenerte hasta lo profundo de mi, a los profundo de mis pulmones al lado de mi corazón, para que lo perfumes todo de ti.
Y dejarme ir.
Me hace falta esa dinamita para ser libre de nuevo, para tirar estas barreras que construimos bien altas casi sin querer.

Escribía él a nadie.

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