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Creo que ya agoté las descripciones como valvula de escape, quiero contar una historia.

El dud salía en las mañanas y veía directo al sol porque le gustaba blanquear su camino de regreso por las escaleras de caracol oscurecido por el humo de la casera, horripilante tufo impregnando todo el cubo de las escaleras con el tabaco de sus demasiados cigarros inmundos, nada amigable de su parte.
Cuando subes escaleras medio ciego y con la nariz atacada, sobrecargado de sentidos, se te olvida caminar un instante empiezas a caer apuntando tu rodilla a la esquina mas dura posible justo en donde vive el nervio, te ruedan las piernas sin control y en el instante en el que vas a sentir todo el poder de la física actuando inmisericorde sobre tus delgaditas y sensibles fibras nervias piensas: ‘fuck, ahora todo mi cerebro se sentirá como solo se siente ahorita la parte que guarda mis emociones’

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